EXPOSICIÓN DEBAJO DE LAS PIEDRAS

Debajo de las piedras, mi primera exposición individual en España, se inaugura el 19 de julio a las 19:30 en el Centro Cultural Doctor Madrazo en Santander y puede visitarse hasta el 28 de agosto. Me siento muy feliz de mostrar estas obras que han sido creadas durante el tiempo que he vivido en Cantabria, un lugar muy querido para mi. Me gustaría dar las gracias al centro Cultural Doctor Madrazo por apoyar este proyecto y a los comisarios Andrea Juan y Gabriel Penedo de SM Pro Art por su cálido acompañamiento.

Se trata de una muestra de 18 dibujos y 11 piezas de cerámica acompañadas de 4 textos poéticos. Las obras son una continuación de la serie Croma, cuyo proceso se basa en el puro disfrute de crear y dejarse llevar, sorprendiéndose e improvisando a cada paso. Las obras en papel han sido realizadas en acuarela, técnicas de dibujo y collage.

La serie completa de dibujos se puede ver aquí y las cerámicas aquí, a continuación los textos en clave poética que fueron escritos para acompañar las obras en la exposición.

Historia de un cuerpo

Todo comenzó con un relámpago blanco que le causó una herida. A partir de ella, la piel se fue abriendo por la superficie del organismo justo por la mitad, en la frontera donde la izquierda se encuentra con la derecha. La brecha se abría a lo largo de su cuerpo, dividiendo simétricamente pares de miembros y órganos, despegando a su paso una capa de piel ya seca e inservible, como se pela un fruto maduro y como las serpientes mudan la piel. En el lugar de la herida, quedaba una cicatriz, y una nueva y rejuvenecida dermis le recubría y le separaba del mundo. Fina, casi translúcida, mucho más sensible y receptiva. Pequeños filamentos, como los ojos de un caracol o los tentáculos de una anémona, se extendían hacia afuera para palpar su entorno. Extensiones de sí mismo, órganos sensibles para ver, tocar, oír, oler y saborear. Su nueva piel era como una flor de delicados pétalos mecida por la corriente, abierta, expectante, curiosa por descubrir la belleza del mundo.

Membrana

Así en el mar como en sus adentros. Coexistía dentro de un ecosistema de células y microrganismos en continuo movimiento. Tanto dentro de sí como fuera de sí, operaba el cambio, el flujo del devenir mantenía un equilibrio donde todas las partes funcionaban al unísono. La membrana que la separaba del mundo era porosa y flexible. Y estaba llena de huecos por los que todo se colaba y por los que ella se desbordaba, se salía hacia afuera. Los poros que agujereaban toda su piel sudaban con el calor, los pelos se erizaban con el frío. Los agujeros de sus oídos permitían que el sonido le calase hasta los huesos y los orificios de su nariz se inundaban irremediablemente.

Una línea imaginaria delimitaba su cuerpo, en realidad ella era parte del todo. Su territorialidad, la división entre ella y lo otro, era ficticia. El perímetro que delimitaba su ser era meramente decorativo.

Todo la atravesaba. Los días de tormenta cuando el mar estaba agitado, sus órganos se hacían eco y los truenos retumbaban en sus tripas. Las olas la hacían vibrar, como cuando se arroja una piedra en un estanque en calma y las ondas repercuten expansivamente. Toda ella latía al mismo ritmo que sus afueras.

Sed

Un profundo deseo de conectar con el cosmos, una búsqueda incesante hace que su cuerpo se extienda, se estira tratando de llegar más allá de sus límites, para abarcar lo máximo posible, para abrazar sus alrededores. Su cuerpo se abre, brotan de sí ramificaciones como papilas gustativas ansiosas de palpar y jugar como si fueran cachorros. Se acerca a todo lo que encuentra. Se dispone al encuentro con los otros, tantea el terreno, lo desconocido le llama.

Un recuerdo

Los veranos de una niña en la playa saboreando el calor del sol y la sal del mar en su piel. El tiempo congelado en felicidad, pasaba horas y horas paseando por el borde donde el agua se encuentra con la arena y deposita tesoros mojados y brillantes. Recogiendo conchas y piedras cuidadosamente seleccionados para su extensa colección privada. Entonces el agua la llamaba y se sumergía en un sueño, el mar la abrazaba y la envolvía por completo en su deliciosa frialdad. Dejaba el sol atrás y buceaba, no había nada mejor en el mundo que adentrarse en la profundidad. Continuaba su búsqueda de tesoros mar adentro, extendiendo las manos hasta tocar el fondo. Cada piedra la esperaba, y era imposible adivinar qué sorpresas ocultaban. Escogía una y la levantaba, la arena se removía y hasta que no se volvía a posar sus ojos no podían apreciar con nitidez la cara oculta de la piedra, y su lecho en la arena. A veces no hallaba nada de interés, pero otras veces aparecían todo tipo de criaturas que reptaban desesperadas buscando cobijo para esconderse de nuevo. Levantar piedras era su juego favorito, siempre había una piedra más que levantar, un organismo nuevo que descubrir.